Si bien no contamos con datos estadísticos y
teniendo en cuenta que el objetivo de toda empresa es la ganancia, la rápida
adopción y proliferación del taylorismo, luego fordismo y más adelante el
toyotismo, en amplios sectores y ramas de la industria, nos permite señalar en
forma esquemática que cada etapa mejora la rentabilidad empresaria respecto la
anterior.
Finalmente la reciente experiencia de organización
de la producción (control obrero) llevada adelante en Venezuela, cuestiona el
concepto de producción social y apropiación privada de la ganancia.[1]
Producción Artesanal (etapa
mercantilista)
En la edad media la producción (o más bien la confección
artesanal) se caracterizo por las actividades individuales, la fuerza muscular
en lugar de la energía mecánica y la pequeña escala para satisfacer las
necesidades locales.
El artesano, sujeto central del proceso productivo; no solo
poseía los medios de producción sino también el conocimiento (Know how, saber
hacer) lo que le permitía controlar la totalidad del proceso productivo
(diseño, organización y tiempos de trabajo). Cambiaba su trabajo (el producto
elaborado) por dinero. Había desarrollado una herramienta para la defensa de su
trabajo que eran los sindicatos de oficios.
En esta época y por un largo periodo la actividad económica
más importante y redituable era el comercio (mercantilismo o periodo de
acumulación capitalista). En el siglo XVI, se inicia un lento proceso de
cambios profundos, con el surgimiento de los distintos estados nacionales
europeos, la expulsión y desplazamiento de grandes cantidades de campesinos[2] a las incipientes
industrias, la aplicación practica de los conocimientos científicos
tecnológicos (maquina de vapor) y la disponibilidad de capitales para su
desarrollo
Producción Industrial
Este progreso tecnológico es lo que permitió un gran
incremento en la producción, convirtiendo al trabajador en una pieza mas de la
maquina. Este aspecto positivo (salto en la cantidad producida) tuvo su lado
negativo en las pésimas condiciones de vidas de los trabajadores/as.
En esta etapa ese aumento en la producción o producción en
escala trataba de satisfacer una demanda en permanente aumento (incremento
poblacional, nuevos mercados).
Esta nueva forma de producción que se inicia a partir de la Revolución Industrial
dio lugar a nuevas formas de relaciones sociales totalmente inexistentes en el
periodo anterior y la consolidación del salario[3] como elemento de
intercambio entre el capitalista y el trabajador es un resultado de ello. El
naciente obrero industrial (a diferencia del siervo feudal o el trabajador de
los pequeños talleres artesanales) no entrega lo producido al capitalista, sino
su fuerza de trabajo o sea su capacidad, su habilidad y energías que lo hacen
apto para producir mercancías.
Los propietarios de los medios de producción (que ya no son
los obreros artesanales) a pesar de satisfacer la demanda creciente por medio
del aumento de lo producido (incrementándose sus ganancias) no poseían el pleno
control de la producción pues los obreros de oficio tenían el conocimiento o
saber-hacer (know-how) y a través de esta ejercían el control del proceso,
gozaban de plena autonomía en los
tiempos y la forma de organizar la producción. Desde luego no lo hacían en
forma individual sino manteniendo la antigua herramienta de los sindicatos de oficios[1]. Había una permanente lucha respecto al modo
de producción entre el obrero de oficio y el propietario de los medios de
producción, disputa vinculada a los
intereses de cada parte.
Etapa
taylorista. Contribución de F. W. Taylor.
El disciplinamiento de esa fuerza de trabajo, que como
señalábamos controlaba la producción, era el objetivo de Taylor. Este se basaba
en quitarle el mando en el control de la técnica de fabricación, en el saber-
hacer heredado de los artesanos, además de poseer los medios de producción.
Para Taylor “quien domina y dicta los
modos operatorios se hace también dueño de los tiempos de fabricación’. A
través del robo explícito de los
saberes artesanales, el taylorismo transfirió en bloque a la gerencia
conocimientos de las operaciones y los diseños[2].
En la búsqueda de esa dominación Taylor estudia
minuciosamente la forma de descomponer el trabajo calificado del obrero de
oficio en gestos simples, mensurables en su tiempo de ejecución para apoderarse
de la “habilidad detallista del obrero
mecánico individual”. Luego de apoderarse del saber-hacer y de reestudiarlo
y ponerlo en la mejor y única vía
(one-best-way) de hacer una determinada tarea descomponiéndolo en gestos
simples procedía a reproducirlos a nuevos trabajadores no calificados. Con esto
logra reemplazar el control de la producción por parte del obrero de oficio por
varios obreros no calificados donde cada gesto, cada tarea tiene una sola forma
de hacerlo y un tiempo de ejecución.
A través de los capataces se imponía la nueva modalidad del
trabajo repetitivo y reasignaron las tareas según los dictados de la gerencia
(dirección). Los cronómetros se instalaban en las espaldas de los obreros
calificados para descubrir sus tiempos y movimientos. Con estos índices se
elaboraban tablas de producción sujetas a ritmos más intensos.
Estos “estudios” de Taylor dieron lugar a lo que se denomino
organización científica del trabajo (OCT) y se desenvolvió inicialmente en las industrias metalúrgicas y
automotriz, donde el peso de las capacidades artesanales era mayor. La OCT estableció rígidamente
cada una de las tareas del operario siguiendo tres principios: apartar el
trabajo (tareas) de las especialidades para autonomizarlas de los oficios y
permitir la resignación rápida de actividades; separar la concepción de la
realización de tareas (dirección-producción, mas tarde cadena –staff)
argumentando científicamente esta ruptura; concentrar todos los conocimientos en
mano de la gerencia[3].
Este obrero taylorista, a pesar de los cambios en la organización de la
producción, mantiene el conocimiento lo que le permite en cierta forma
controlar los ritmos de la producción.
Etapa
fordista. Contribución de H. Ford
La batalla desatada por la patronal para quitar el saber-hacer al obrero,
iniciada con Taylor pega un salto con la cadena de producción que impone Henry
Ford en 1913 en su fabrica de automóviles. Esta cadena de producción modifica,
entre otras cosas, el hecho de que el obrero girara alrededor del automóvil,
para construirlo como lo era en el taller, por un sistema en el que el obrero no debía moverse de su puesto de
trabajo mientras que debía ensamblar las partes en un chasis que va
desplazándose sobre una línea de montaje movida por una cadena. Ahora el obrero debía adaptarse al ritmo de
la cadena, y esta se movía en la máxima velocidad posible, el perfeccionamiento
de este sistema consistía precisamente en aumentar la velocidad de la cadena.
“Los
resultados fueron cada vez mayores: para el acoplamiento de pistones y
engranajes, por ejemplo, un equipo de 28 hombres lograba realizar, en una
jornada de 9 horas, 175 de estos acoplamientos; algunos años después 7 personas
realizaban en el mismo tiempo 2700 operaciones de igual tipo”[4].
Un logro importante del fordismo es completar el proceso de
hacer al obrero dependiente de su salario para subsistir y como característica
se destaca el hecho de la incorporación masiva de obreros sin oficio. Por otro
lado, otra característica importante de este tipo de empresas es la de integrar
la totalidad del proceso, es decir ir absorbiendo a sus proveedores, haciendo la empresa cada vez más grande, en el
sentido de incorporar distintas actividades aun hasta la extracción de materia
prima.
En este periodo, a pesar de que el obrero calificado es
derrotado en el control de la producción y por ende su forma de organización
los sindicatos de oficios, el movimiento obrero lleva adelante grandes luchas a
través de sus sindicatos cualitativamente distintos a los anteriores. El eje de
la lucha entre capitalistas (que no solo poseen los medios de producción sino
que ahora controlan el proceso) y los trabajadores se desplazo a la disminución
del ritmo de la cadena y al incremento del salario. Mientras los sindicatos de
oficios tenían su núcleo de poder en el saber-hacer, estos sindicatos lo
basaran en su masividad y unidad.
Etapa toyotista. Nuevas Formas de Organización del Trabajo.
A partir de la década del 60’ en la industria metalúrgica
y automotriz japonesa se comienza a desarrollar diversas técnicas de
organización de la producción conocidas en su conjunto como Nuevas Formas de
Organización del Trabajo (NFOT), gestión participativa o toyotismo.
Estas técnicas que no tardaron en extenderse, no solo por todo el mundo sino en
diversas empresas de producción de bienes y servicios, se consolidaron como
alternativa al sistema de producción fordista.
La base de la misma, en una
definición superficial, consiste en
lograr la participación de los asalariados en la marcha de la empresa a través
de diversas técnicas como los círculos de calidad, equipos autónomos de
trabajo, producción “justo a tiempo”, tercerizacion de tareas, etc.
Luego de mas de 40 años de implementación de estas
técnicas, la organización de la producción sigue siendo decidida y controlada
por la gerencia, al igual que en el fordismo. La participación de los
trabajadores se traduce en un incremento de la responsabilidad, se puede participar
(y se obliga) en como mejorar la
calidad o aumentar la producción, pero no existe posibilidad de participar
en la distribución de ganancias, en la inversión (no solo en la producción,
también en seguridad e higiene), puestos de trabajos, etc.
La participación, si bien parte de los legítimos deseos
de los trabajadores de ser reconocidos, es utilizada como una nueva forma de
expropiar ese saber-hacer del trabajador con el solo objetivo de aumentar la PRODUCTIVIDAD de la
empresa y por lo tanto su rentabilidad, siendo esto el objetivo de las denominadas
NFOT.
La experiencia
venezolana (control obrero)
Esta propuesta de organización de la producción no es
una evolución de las etapas antes desarrolladas. Podemos interpretarla como una
respuesta relacionada a un contexto político, social y económico que se produce
en Venezuela desde hace 10 años.
Mientras en las formas organizativas antes descriptas,
el saber-hacer es apropiado por la patronal para maximizar su ganancia, en esta
forma de control el saber-hacer es apropiado por el conjunto de los
trabajadores y la comunidad a la que pertenecen.
El instrumento concreto son los llamados Consejos
Socialistas de Trabajadores. Según la definición propuesta en el proyecto de ley sobre estos
Consejos son organizaciones concebidas
para la participación de los trabajadores en el ejercicio del control sobre los
procesos productivos y administrativos y para ejercer la dirección de los
procesos en los centros de trabajo en general. No son organizaciones sindicales
ni sustituyen las funciones propias de estas, aunque pueden compartir
responsabilidades y apoyarse mutuamente.
En la actualidad la empresa siderurgia SIDOR, entre
otras industrias de la zona de Guayana, o la agroindustrial Pronutricos (harina
de maíz) implementaron esta forma de control de la producción.
En cada centro de trabajo solo
podrá existir uno, ya sea este centro de carácter público, privado o
mixto, o en proceso de recuperación. Dicho consejo será constituido por
decisión de la totalidad o una parte del total de los trabajadores, determinada
en asamblea convocada a tal fin, asamblea denominada por dicho proyecto
como Asamblea de Trabajadores, y definida como la instancia primaria de
participación.
Estos Consejos estarán integrados por
todos los trabajadores independientemente de la organización sindical a la que
estén afiliados. Estos serán constituidos con la sola
decisión de la Asamblea
sin requerir autorización alguna de los órganos u autoridades en materia del
trabajo.
Los Consejos Socialistas
de Trabajadores podrán pronunciarse respecto a la solicitud de solvencia
laboral que tramite el patrono ante el organismo competente, podrán luchar
contra las quiebras y cierres de los centros de trabajo que consideraren
fraudulentos por parte del patrono, y luchar contra la especulación, acaparamiento y desabastecimiento,
podrán también organizarse con otras formas asociativas de trabajadores por
localidad geográfica o por actividad laboral para el logro de sus objetivos
comunes. Finalmente, a los fines de responder socialmente a su entorno comunitario
deberán participar conjuntamente con los consejos comunales adyacentes al
centro de trabajo.
[1] En nuestro país, a principios del siglo XX, tuvo su máxima
expresión en la
Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de clara
tendencia anarquista.
[2] Citado en “Trabajo, sujeto
social y programa de transición”, de Néstor López Collazo.
[3] Tecnología y trabajo en la
economía contemporánea, de Claudio Katz.
[4] Henry Ford , de R.
Romano, de Los Hombres de la historia.
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