martes, 24 de marzo de 2015

Evolucion de la organizacion de la producción

En el presente texto vamos a tratar de analizar como fue evolucionando la organización de los procesos de producción, haciendo un mayor hincapié en la producción industrial. Si bien en la actualidad convive la producción artesanal e industrial, cada una responden a necesidades particulares. La principal diferencia radica en los niveles de producción alcanzados y en la organización necesaria para ello.
Si bien no contamos con datos estadísticos y teniendo en cuenta que el objetivo de toda empresa es la ganancia, la rápida adopción y proliferación del taylorismo, luego fordismo y más adelante el toyotismo, en amplios sectores y ramas de la industria, nos permite señalar en forma esquemática que cada etapa mejora la rentabilidad empresaria respecto la anterior.

Finalmente la reciente experiencia de organización de la producción (control obrero) llevada adelante en Venezuela, cuestiona el concepto de producción social y apropiación privada de la ganancia.[1]


Producción Artesanal (etapa mercantilista)


En la edad media la producción (o más bien la confección artesanal) se caracterizo por las actividades individuales, la fuerza muscular en lugar de la energía mecánica y la pequeña escala para satisfacer las necesidades locales.

El artesano, sujeto central del proceso productivo; no solo poseía los medios de producción sino también el conocimiento (Know how, saber hacer) lo que le permitía controlar la totalidad del proceso productivo (diseño, organización y tiempos de trabajo). Cambiaba su trabajo (el producto elaborado) por dinero. Había desarrollado una herramienta para la defensa de su trabajo que eran los sindicatos de oficios.

En esta época y por un largo periodo la actividad económica más importante y redituable era el comercio (mercantilismo o periodo de acumulación capitalista). En el siglo XVI, se inicia un lento proceso de cambios profundos, con el surgimiento de los distintos estados nacionales europeos, la expulsión y desplazamiento de grandes cantidades de campesinos[2] a las incipientes industrias, la aplicación practica de los conocimientos científicos tecnológicos (maquina de vapor) y la disponibilidad de capitales para su desarrollo

           Producción Industrial


Este progreso tecnológico es lo que permitió un gran incremento en la producción, convirtiendo al trabajador en una pieza mas de la maquina. Este aspecto positivo (salto en la cantidad producida) tuvo su lado negativo en las pésimas condiciones de vidas de los trabajadores/as.

En esta etapa ese aumento en la producción o producción en escala trataba de satisfacer una demanda en permanente aumento (incremento poblacional, nuevos mercados).

Esta nueva forma de producción que se inicia a partir de la Revolución Industrial dio lugar a nuevas formas de relaciones sociales totalmente inexistentes en el periodo anterior y la consolidación del salario[3] como elemento de intercambio entre el capitalista y el trabajador es un resultado de ello. El naciente obrero industrial (a diferencia del siervo feudal o el trabajador de los pequeños talleres artesanales) no entrega lo producido al capitalista, sino su fuerza de trabajo o sea su capacidad, su habilidad y energías que lo hacen apto para producir mercancías. 




Los propietarios de los medios de producción (que ya no son los obreros artesanales) a pesar de satisfacer la demanda creciente por medio del aumento de lo producido (incrementándose sus ganancias) no poseían el pleno control de la producción pues los obreros de oficio tenían el conocimiento o saber-hacer (know-how) y a través de esta ejercían el control del proceso, gozaban de plena autonomía en los tiempos y la forma de organizar la producción. Desde luego no lo hacían en forma individual sino manteniendo la antigua herramienta de los sindicatos de oficios[1].  Había una permanente lucha respecto al modo de producción entre el obrero de oficio y el propietario de los medios de producción, disputa vinculada a los  intereses de cada parte.  


Etapa taylorista. Contribución de F. W. Taylor.


El disciplinamiento de esa fuerza de trabajo, que como señalábamos controlaba la producción, era el objetivo de Taylor. Este se basaba en quitarle el mando en el control de la técnica de fabricación, en el saber- hacer heredado de los artesanos, además de poseer los medios de producción. Para Taylor “quien domina y dicta los modos operatorios se hace también dueño de los tiempos de fabricación’. A través del robo explícito de los saberes artesanales, el taylorismo transfirió en bloque a la gerencia conocimientos de las operaciones y los diseños[2]
 


En la búsqueda de esa dominación Taylor estudia minuciosamente la forma de descomponer el trabajo calificado del obrero de oficio en gestos simples, mensurables en su tiempo de ejecución para apoderarse de la “habilidad detallista del obrero mecánico individual”. Luego de apoderarse del saber-hacer y de reestudiarlo y ponerlo en la mejor y única vía (one-best-way) de hacer una determinada tarea descomponiéndolo en gestos simples procedía a reproducirlos a nuevos trabajadores no calificados. Con esto logra reemplazar el control de la producción por parte del obrero de oficio por varios obreros no calificados donde cada gesto, cada tarea tiene una sola forma de hacerlo y un tiempo de ejecución.

A través de los capataces se imponía la nueva modalidad del trabajo repetitivo y reasignaron las tareas según los dictados de la gerencia (dirección). Los cronómetros se instalaban en las espaldas de los obreros calificados para descubrir sus tiempos y movimientos. Con estos índices se elaboraban tablas de producción sujetas a ritmos más intensos. 


Estos “estudios” de Taylor dieron lugar a lo que se denomino organización científica del trabajo (OCT) y se desenvolvió  inicialmente en las industrias metalúrgicas y automotriz, donde el peso de las capacidades artesanales era mayor. La OCT estableció rígidamente cada una de las tareas del operario siguiendo tres principios: apartar el trabajo (tareas) de las especialidades para autonomizarlas de los oficios y permitir la resignación rápida de actividades; separar la concepción de la realización de tareas (dirección-producción, mas tarde cadena –staff) argumentando científicamente esta ruptura; concentrar todos los conocimientos en mano de la gerencia[3]. Este obrero taylorista, a pesar de los cambios en la organización de la producción, mantiene el conocimiento lo que le permite en cierta forma controlar los ritmos de la producción.


Etapa fordista. Contribución de H. Ford


La batalla desatada por la patronal  para quitar el saber-hacer al obrero, iniciada con Taylor pega un salto con la cadena de producción que impone Henry Ford en 1913 en su fabrica de automóviles. Esta cadena de producción modifica, entre otras cosas, el hecho de que el obrero girara alrededor del automóvil, para construirlo como lo era en el taller, por un sistema en el que  el obrero no debía moverse de su puesto de trabajo mientras que debía ensamblar las partes en un chasis que va desplazándose sobre una línea de montaje movida por una cadena.  Ahora el obrero debía adaptarse al ritmo de la cadena, y esta se movía en la máxima velocidad posible, el perfeccionamiento de este sistema consistía precisamente en aumentar la velocidad de la cadena.

“Los resultados fueron cada vez mayores: para el acoplamiento de pistones y engranajes, por ejemplo, un equipo de 28 hombres lograba realizar, en una jornada de 9 horas, 175 de estos acoplamientos; algunos años después 7 personas realizaban en el mismo tiempo 2700 operaciones de igual tipo”[4].

Un logro importante del fordismo es completar el proceso de hacer al obrero dependiente de su salario para subsistir y como característica se destaca el hecho de la incorporación masiva de obreros sin oficio. Por otro lado, otra característica importante de este tipo de empresas es la de integrar la totalidad del proceso, es decir ir absorbiendo a sus proveedores, haciendo la empresa cada vez más grande, en el sentido de incorporar distintas actividades aun hasta la extracción de materia prima.

En este periodo, a pesar de que el obrero calificado es derrotado en el control de la producción y por ende su forma de organización los sindicatos de oficios, el movimiento obrero lleva adelante grandes luchas a través de sus sindicatos cualitativamente distintos a los anteriores. El eje de la lucha entre capitalistas (que no solo poseen los medios de producción sino que ahora controlan el proceso) y los trabajadores se desplazo a la disminución del ritmo de la cadena y al incremento del salario. Mientras los sindicatos de oficios tenían su núcleo de poder en el saber-hacer, estos sindicatos lo basaran en su masividad y unidad.


Etapa toyotista. Nuevas Formas de Organización del Trabajo.


A partir de la década del 60’ en la industria metalúrgica y automotriz japonesa se comienza a desarrollar diversas técnicas de organización de la producción conocidas en su conjunto como Nuevas Formas de Organización del Trabajo (NFOT), gestión participativa o toyotismo. Estas técnicas que no tardaron en extenderse, no solo por todo el mundo sino en diversas empresas de producción de bienes y servicios, se consolidaron como alternativa al sistema de producción fordista.

La base de la misma, en una definición superficial, consiste en lograr la participación de los asalariados en la marcha de la empresa a través de diversas técnicas como los círculos de calidad, equipos autónomos de trabajo, producción “justo a tiempo”, tercerizacion de tareas, etc.

Luego de mas de 40 años de implementación de estas técnicas, la organización de la producción sigue siendo decidida y controlada por la gerencia, al igual que en el fordismo. La participación de los trabajadores se traduce en un incremento de la responsabilidad, se puede participar  (y se obliga) en como mejorar la calidad o aumentar la producción, pero no existe posibilidad de participar en la distribución de ganancias, en la inversión (no solo en la producción, también en seguridad e higiene), puestos de trabajos, etc.

La participación, si bien parte de los legítimos deseos de los trabajadores de ser reconocidos, es utilizada como una nueva forma de expropiar ese saber-hacer del trabajador con el solo objetivo de aumentar la PRODUCTIVIDAD de la empresa y por lo tanto su rentabilidad, siendo esto el objetivo de las denominadas NFOT.


La experiencia venezolana (control obrero)


Esta propuesta de organización de la producción no es una evolución de las etapas antes desarrolladas. Podemos interpretarla como una respuesta relacionada a un contexto político, social y económico que se produce en Venezuela desde hace 10 años.

 
El eje de la misma radica en impulsar la PARTICIPACION  de los trabajadores en todo lo que implique la organización del proceso productivo, teniendo en cuenta los intereses de los propios trabajadores y el conjunto de la comunidad a la que pertenezca la empresa.


Mientras en las formas organizativas antes descriptas, el saber-hacer es apropiado por la patronal para maximizar su ganancia, en esta forma de control el saber-hacer es apropiado por el conjunto de los trabajadores y la comunidad a la que pertenecen.


El instrumento concreto son los llamados Consejos Socialistas de Trabajadores. Según la definición propuesta en el proyecto de ley sobre estos Consejos son organizaciones  concebidas para la participación de los trabajadores en el ejercicio del control sobre los procesos productivos y administrativos y para ejercer la dirección de los procesos en los centros de trabajo en general. No son organizaciones sindicales ni sustituyen las funciones propias de estas, aunque pueden compartir responsabilidades y apoyarse mutuamente.

En la actualidad la empresa siderurgia SIDOR, entre otras industrias de la zona de Guayana, o la agroindustrial Pronutricos (harina de maíz) implementaron esta forma de control de la producción.



En cada centro de trabajo solo podrá existir uno, ya sea este centro de carácter público, privado o mixto, o en proceso de recuperación. Dicho consejo será constituido por decisión de la totalidad o una parte del total de los trabajadores, determinada en asamblea convocada a tal fin, asamblea denominada por dicho proyecto como Asamblea de Trabajadores, y definida como la instancia primaria de participación.
Estos Consejos estarán integrados por todos los trabajadores independientemente de la organización sindical a la que estén afiliados. Estos serán constituidos con la sola decisión de la Asamblea sin requerir autorización alguna de los órganos u autoridades en materia del trabajo.
 

Los Consejos, se propone, podrán y deberán llevar a cabo toda actividad que coordine, organice, evalúe, y desarrolle la capacitación de los trabajadores para dotarlos de destrezas en el ejercicio de la gestión productiva y administrativa, que permita la implementación definitiva del control por parte de los trabajadores de la gestión de los procesos productivos, administrativos y sociopolíticos de los centros de trabajo, pudiendo incluso acceder a la información contable y demás registros de información sobre los procesos productivos, administrativos, financieros y de comercialización, de la empresa sin excepción alguna, “hasta suprimir toda forma de explotación del capital sobre el trabajo”.
 
      Los Consejos Socialistas de Trabajadores podrán pronunciarse respecto a la solicitud de solvencia laboral que tramite el patrono ante el organismo competente, podrán luchar contra las quiebras y cierres de los centros de trabajo que consideraren fraudulentos por parte del patrono, y luchar contra la especulación, acaparamiento y desabastecimiento, podrán también organizarse con otras formas asociativas de trabajadores por localidad geográfica o por actividad laboral para el logro de sus objetivos comunes. Finalmente, a los fines de responder socialmente a su entorno comunitario deberán participar conjuntamente con los consejos comunales adyacentes al centro de trabajo.



[1] En nuestro país, a principios del siglo XX, tuvo su máxima expresión en la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de clara tendencia anarquista.
[2] Citado en “Trabajo, sujeto social y programa de transición”, de Néstor López Collazo.
[3] Tecnología y trabajo en la economía contemporánea, de Claudio Katz.
[4] Henry Ford , de R. Romano, de Los Hombres de la historia.